Dulces de menta y chocolate

No sé si lo he dicho ya pero la menta y el chocolate es una combinación que he acabado apreciando con el tiempo. Reconozco que ha sido a fuerza de insistir pero, a día de hoy, adoro esta mezcla. Basta darme un paseo por las estanterías de los supermercados y si encuentro algo así, acaba en el carrito de la compra. Algo así pasó hace 2 semanas. En un super alemán encontré unos dulces de menta cubiertos de chocolate negro. Eran demasiado buenos para ser verdad y, pensé que podría internar hacer algo parecido. Lo que no suponía era que conseguiría dar con la receta con tan sólo 4 ingredientes. Eso sí, de buena calidad. No vale cualquier chocolate.

Mousse de chocolate blanco con gelatina de mango

… ¡y más postres! Es curioso cómo aún cocinando día tras día en mi trabajo, me guste o no, al llegar mis días libres lo único que me apetece hacer es… sí, seguir cocinando. Y es que no me canso, es como una adicción que me tiene cada vez más atrapada. El único problema es que me paso el día empezando dietas (digo empezando porque la brevedad de las mismas es asombrosa), así que ahora trato de aprender a cocinar única y exclusivamente para los demás (a excepción de las catas de lo que preparo, claro). Por suerte mis compañeros de piso siempre están dispuestos a hacer un esfuerzo y comerse lo que preparo… qué majos ellos.

Lamingtons

Sé que en lugar de una revista de cocina parece de repostería pero es algo que no puedo evitar. Andamos realizando el próximo número de la revista y el tiempo que tenemos para hacer entradas se nos va quedando corto. Quizá por esa razón, intento pensar en recetas fáciles y que lleven poco tiempo para poder realizarlas y ponerlas al alcance de vosotros. Después de mucho pensar y leer, me he decantado por los lamingtons.
Estos pequeños pasteles son originales de Australia. Si algo tiene ese país son cuatro cosas fundamentales: los canguros, los koalas, el marmite y los lamingtons. Creo que son los productos nacionales por excelencia. El equivalente español sería la flamenca, el toro, la tortilla de patata y la paella. Pues bien, me puse a ello y debo decir que la receta es muy simple y son un bocado ligero. No empalagan y quedan perfectos para una merienda o desayuno.

Kanelbullar o bollos de canela

El mal tiempo parece que se ha afincado en la Mallorca. Es lógico que llueva y haga frío porque estamos en pleno invierno pero aún se hace raro estar más de tres días sin ver los rayitos de sol. Quizá por eso, decidí ambientar mi casa al más puro estilo nórdico. No es que me diera por ir a Ikea a comprar muebles. Decidí adentrarme en la cocina sueca y ver si tenían algo más que albóndigas. ¡Y vaya si lo encontré! Como siempre, me decanté por un plato dulce. Lo sé, tengo un serio problema con este tema pero prometo que mis niveles de glucosa en sangre son normales. Lo mío es obsesión. Ya he contado que no soy mucho del dulce, quizá por eso lo pongo en práctica más de lo normal. Supongo que intento conseguir ese postre que consiga eclipsarme y que parece que nunca llega a ser suficiente para mí.

Cupcakes de zanahoria y frutos secos

Ya hemos regresado con una receta dulce. Hacía tiempo que habíamos dejado aparcados los placeres del azúcar para reponernos de las fiestas pero, qué os voy a decir, es una tentación de las grandes. Y pecar por esto, bien merece la pena.

Me gusta el dulce pero no en exceso. No soy de las que se pirren por algo con altas dosis de azúcar o chocolate en abundancia. Más bien todo lo contrario. Adoro el sabor del azúcar moreno o de caña, el sirope de ágave, el golden syrup o el de arce. Sabores que no empalagan y que no aportan un exceso de calorías innecesarias. Si a todo esto le añadimos la zanahoria que de por sí es dulce y sana, harina integral y una buena mezcla de frutos secos, me habrán conquistado por el estómago. Lo mío es simple. Es mi tarta preferida y en forma de cupcake, como pequeña porción me ha robado el corazón. Lo sé, esto parece una oda al amor pero qué le voy a hacer si está a la vuelta de la esquina el tan temido San Valentín. Digo temido y no me estoy equivocando. Temido para los bolsillos en los que ese día las rosas están a precio de bogavante. Por no decir que las calles están infestadas de corazones, cupidos y rojo burdel.