Dulces torrijas

En casa no somos de comprar muchos pan de barra, nos gusta más el pan de miga o pueblo pero en verano aprovechamos y las compramos para preparar bocadillos para la playa. Por esa razón, las torrijas las hacemos en verano y no en invierno. A pesar de ello nos encantan comerlas con helado. ¿Qué tendrá el verano que toda comida acaba en helado? A mediodía un polo de hielo, por la noche un helado casero y si cae otro a media tarde se agradece. Y ya se convierte en sublime si lo acompañas con algún dulce: brownie, coulant, un bizcocho cualquiera o una torrija. Sigue leyendo

#Cargandopilas: Tosta de aguacate y parmesano

Hoy voy a confesarme. No soy muy dada a ello porque me cuesta hablar de mí pero hoy os daré un ligero avance de lo que me gusta y lo que no. Adoro las redes sociales pero siempre con una finalidad. No soy de las que se pasa todo el día enganchada a un ordenador por la sencilla razón que es mi herramienta de trabajo así que me cuesta verlo como un mecanismo de diversión  y descanso. Por esta razón me gustan la redes sociales como mecanismo de comunicación. Debe ser un defecto profesional y como periodista siempre intento ver el beneficio de la tecnología aplicada a la información. A pesar de ello, debo reconocer que una de ellas me ha encandilado: Instagram. Sigue leyendo

Tarta de queso con frutas del bosque

Sé que llevaba tiempo sin aparecer pero es lo que tiene el verano. Una se cambia el delantal por el traje de baño y así recuerda una porqué dejar de hacer dulces. Y es que aquí no hay báscula que valga. El verano te pone a prueba. Las bebidas gaseosas, las cervecitas, las tapitas, los chiringuitos y los helados. De nada sirve hacer una dieta express, para nada. Las lorzas están ahí y no se van así como así. Sigue leyendo

Ensalada de patata al estilo malagueño

Tengo ciertos problemas a la hora de elaborar guarniciones y es que no me gusta repetirlas en exceso. Por esa razón, evito las conocidas patatas fritas. Son un plato muy socorrido pero no suelo hacerlas salvo con huevos fritos y con hamburguesas. De la misma forma que no como pan con la paella o con la sopa, no me apetece comer patatas fritas salvo con esos dos platos y debo decir que los huevos fritos tampoco son mi plato preferido aunque no me disgusta. Venga os dejo, tenéis mi permiso. Llamadme rara pero es que no veo la necesidad de  ponerle patatas fritas a casi cualquier plato. En mi viaje a Bélgica quedé atónita en el momento en que comrpobé que uno de los platos estrella de la cocina belga eran los mejillones al vapor con patatas fritas. Aún sigo sin comprenderlo. No me parecen que sean dos platos que deban ir de la mano pero allí son muy apreciados. Tampoco entiendo el afán de ponerle vinagre a las patatas fritas británicas en su conocido plato «fish & chips» pero reconozco que vale la pena probar ambos platos si pasáis por estos países.

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Cous cous aromatizado

Tengo predilección por el norte de África. Bueno creo que adoro lo exótico en general por los aromas. Mis abuelos vivieron durante la guerra en Tánger, algo muy similar a la historia de María Dueñas en su libro «El tiempo entre costuras». Allí se conocieron y poco después se casaron. Mi abuela y sus hermanas se dedicaban a coser los trajes de los militares por lo que el corte y confección  también ha marcado la vida de los míos. Quizá sea una de las razones por las que me siento tan a gusto entre los olores a cúrcuma, ras el hanout, la harissa o el cous cous. Han formado parte de la cocina de mis abuelos y ahora, las tengo en un lugar privilegiado en la mía.

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