Flan de queso relleno de mermelada de naranja y canela

Hoy me he vestido de color. Debe ser el carnaval que baña buena parte de la geografía española de color y música que me apetecía ponerle un tono alegre y si hay un color que me fascina en la comida es el naranja. También hay que decir que me habían regalado una mermelada casera con un toque de canela y caramelo que la hacían especial. Primero la unté en unas tostadas y al primer bocado lo tuve claro. No era una mermelada cualquiera. Debía convertirse en un producto destacado en un postre así que me puse manos a la obra.

La gente que me conoce ya sabe qué regalarme. Con algo casero ya soy feliz y con cualquier libro de cocina o «cachibache» para la cocina me tienen más que conquistada. Así que cuando me deleitan con mermeladas, aceitunas aliñadas o similares soy como una niña chica. ¡Qué le voy  a hacer! No soy de gustos caros. Algo bueno tenía que tener. Sigue leyendo

Pastel tradicional

Hoy quiero hacer un guiño a las tradiciones. ¿Quién no recuerda en alguna fiesta de cumpleaños una tarta de chocolate y nata?

En casa han caído muchas, no sólo porque no esté buena, sino porque sabes que hay muchas probabilidades de que a todo el mundo le guste. La posibilidad de error es mínima. Ahora bien, hay que cuidar los ingredientes y la presentación. Si mantienes estas dos premisas, no tendréis problema. Y para muestra un botón.

Me tocaba preparar una tarta de cumpleaños, mejor dicho dos porque aquí ya me las piden a pares. Mi hermana me llama unos días antes y me solicita dos tartas por su cumpleaños que en su trabajo son muchos. La chiquilla tenía razón. Había que invitar a todo un hospital y sabiendo las duras jornadas laborales que tienen no podía negarme. Había que hacer dos y grandes. Más que una tarta era un edificio con 4 plantas y buhardilla. Un total de 7 kilos de dulce nata montada con mascarpone y chocolate al 70% (sé que soy fiel a él pero es que nunca falla). Sigue leyendo

Tarta as de corazones

Cupido ha debido entrar en mi cocina y se ha puesto manos a la obra para endulzar San Valentín.

No soy mucho de los tópicos ni de los convencionalismos por lo que el día 14 de febrero suele ser un día más, uno de tantos pero desde que empecé el año me he propuesto cambiar mis malos hábitos. No sé porqué pero cuando llegó el 2014 tuve el presentimiento que iba a ser un año importante en cambios. No sé si eran las ganas que tenía de que mi vida cambiara pero la verdad es que tenía la intención de que si no lo hacía por sí misma tendría que ponerme yo a cambiarla. Mi primera propuesta era dejar de lado el concepto de que todo va mal. ¿No os da la impresión de que vivimos en un desánimo generalizado? Sí, lo sé, hay una maldita crisis de por medio y yo también la he vivido y la vivo día a día, pero no podemos pensar que todo va a seguir así siempre y que nuestra suerte la decide un grupo de políticos (aunque pueda parecer así). Sigue leyendo

Rollitos primavera

Me he propuesto ganar la batalla a los platos precocinados. Nada de croquetas insulsas y deformes. Abajo los fideos japoneses de sobre cargados de glutamato. Fuera las empanadillas que te las comes por la mañana y se repiten más que el ajo. Adiós a los productos que no suponen más que un exceso de calorías. Comer bien está en tu mano y nunca mejor dicho. Basta un poco de tiempo para cargar el congelador con tus propios productos. Y para muestra un botón: los rollitos primavera puedes prepararlos en casa y darles tu toque personal. Sigue leyendo

Waterzooi

Hace unos años recorrí Bélgica durante una semana. Cuando preparo un viaje, además de los lugares a visitar, me impregno de la gastronomía del lugar. Es cierto que al hablar de este país lo primero que le viene a uno a la mente es el chocolate pero, lamentablemente, no podía probarlo. De hecho me pasó una cosa curiosa. Llegamos al museo del chocolate y había un maestro chocolatero que hacía demostraciones en inglés y francés. Cuando acababa la visita, te ofrecía un par de bombones que él mismo había preparado en la presentación. Nada más llegar me puse en primera fila para poder ver a la perfección cómo trabajaba. Cuando este hombre me escuchó hablar, vino hacia mí y en un perfecto español (tan perfecto como que era de Valencia) me guiñó el ojo y me dijo que me quedase allí que después de un par más de sesiones la daría en español para nosotros y que mientras tanto haría bombones diferentes. Ante tal amabilidad, ¿cómo decir que no? El problema llegó cuando al final de cada sesión nos seguía dando dos bombones por cabeza y yo sin poderlos catar. No paraba de dárselos a mi marido hasta que cuando ya llevaba unos 8 bombones me dijo: Sigue leyendo