Tarta de queso y baileys

Llega el verano y comienzo a odiar el horno y comienzo a sustituir los bizcochos por cremas frías, helados o parfaits. Además de ser muy fáciles y llevar poco trabajo, suelen quedar muy resultonas. Con muy poco, se puede conseguir una gran proeza y colgarte un par de medallas. Algo así me pasó el sábado. Se celebraba un cumpleaños en casa y no  podía faltar la tarta. No somos amantes del licor, por lo que tenía un botella de baileys que rondaba por casa y antes de que se echara a perder, mejor darle una segunda oportunidad. ¿Se os ocurre algo mejor que convertirlo en tarta? Cuando vi la receta de Kanela y Limón lo tuve muy claro. Debía probarla aunque modifiqué las cantidades, reduciendo hojas de gelatina por más queso crema para que fuera más untuoso, aunque sin perder la esponjosidad que le aporta la nata montada.

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Pollo a la campesina

Hay veces que la planificación se va al traste con un inesperado contratiempo. Lo que me pasó el sábado en la cocina es una muestra de ello. Ahí hace falta poner en marcha la imaginación y coordinación para no caer en un abismo. Parece una película de suspense pero cuántas veces nos habrá pasado. ¿Habéis sacado algo del congelador pensando que era una cosa y cuando lo habéis abierto comprobáis que no se parece en nada?

El sábado había organizado mi agenda culinaria. Es el día que me dedico de lleno a la cocina para preparar los «tuppers» de la semana. Me gusta pero llega a ser agotador. Una se mete en faena a las 9 de la mañana y acaba a las 6 de la tarde de recoger la cocina pero hay que hacerlo. El domingo ya es otro cantar. Lo dedico a realizar platos delicados o postres con los que deleitar a comensales. Sigue leyendo

Baklava: dulce tradición griega

Hay aromas que me fascinan. Me gusta el olor a mar, a café, a pan recién hecho cuando está en la rejilla y sigue rugiendo en su interior, a las especias de los mercados de Marruecos que inundan de color cualquier día gris y de entre todas ellas la canela. No son olores que acabe de descubrir, más bien lo contrario. Forman parte de mi vida y quizá sea la razón de que me gusten tanto. Nací en una isla, rodeada de mar. «Sa Roqueta» la llaman y me he acostumbrado al salitre, a verlo embravecido y tenerle respeto o en calma y disfrutando de él. Me gusta el sabor que deja en la piel. Esa sensación de frío al adentrarte en él, de querer escapar, pero una vez dentro, no querer salir hasta que tu piel toda arrugada te pide tregua.

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Flan de espárragos trigueros con salsa de piquillos

Si me dicen que cuidarse iba a costar tan poco no me lo hubiera creído. Basta con tener imaginación y algo de dedicación pero no en exceso.

Llevamos en casa 21 días de cuidados, 21 días de mimar el cuerpo y el paladar, 21 días de comidas ligeras pero que saben a gloria, 21 días sin excesos y que te permiten sentirte bien por dentro y por fuera. Lo sé, parece un anuncio de José Coronado o Carmen Machi y su yogur, pero siempre viene bien la frase. ¿Quién no mantiene en su retina alguna canción o frase publicitaria? Sigue leyendo

Magdalenas de butterscotch

Volvemos con otra receta dulce y en este caso es una reivindicación hacia la repostería casera. Es cierto que el dulce hay que racionalizarlo pero si nos vamos a permitir un capricho mejor que sea lo más saludable posible. Y es que la poca conciliación familiar y laboral que existe (o nula gracias a la crisis y las excusas de los empresarios por alargar el horario laboral y disminuir el sueldo) hacen que dediquemos cada vez menos tiempo a la cocina. Pero en muchas ocasiones, basta con dedicarle unos minutos para que tu estómago, tu familia y tu colesterol te lo agradezcan.
Soy de las que se van a la compra y revisan todas las etiquetas de los productos que compro. No es que analice las calorías. Miro la composición e ingredientes de lo que entra en mi carrito. Sé que no es muy común pero es sorprendente lo que te puedes llegar a encontrar en las etiquetas de lo que compramos. Sigue leyendo