Mojete

Hay nombres que me fascinan en la cocina. Llamarle «bikini» a un sandwich de jamón, queso y mantequilla es toda una proeza. ¡Cómo ha cambiado el procedimiento de nomenclatura de los platos a lo largo del tiempo! Hemos pasado de ponerle nombres cortos como gazpacho, salmorejo o caldo gallego  a especificaciones extensas como «foie con espuma de café, aire de remolacha sobre cama de ajetes y trigueros y aceite de cebollino» o «sopa de chocolate con aroma a cítricos y sorbete de mango con cristales de caramelo». No quiero desprestigiar esta forma de llamar a los platos definiendo cada uno de los ingredientes pero ¿habéis visto los menús de las bodas? Son eternos pergaminos que para nada se retienen en tu cabeza. Tras leerlo tres veces lo único que te ha quedado claro es que comerás ensalada, solomillo, sorbete y pescado. La razón de que sólo recuerdes esas palabras es porque tu cabeza a efectuado una limpieza progresiva a medida que leía, se ha quedado con lo que tiene «chicha» y le resulta más familiar. El resto, ha decicido dejarlo para otra ocasión. Luego viene el momento en que alguien que se sienta en tu misma mesa hace la tan temida pregunta: ¿qué plato toca ahora? La gente se mira, se produce un silencio incómodo porque nadie, absolutamente nadie recuerda el extenso párrafo hasta que alguien dice: ¡Solomillo con «no se qué»! Sigue leyendo