Ya ha pasado Halloween y parece que fue ayer. Me llevé un susto y de los grandes. Compré un porrón de chucherías. Porrón es una cantidad muy útil para explicar que tenía un paquete industrial de caramelos y otro de gominolas. El problema es que cuando el timbre sonó por primera vez, el porrón se convirtió en una «mijina». No pensaba que en mi pueblo había tantos niños y niñas. No miento si os digo que en ese momento pasaron 40 niños de golpe. Yo, asustada, pregunté a las madres de dónde venían y me explicaron que se habían ido encontrando por las calles y habían decidido crear un grupo multitudinario. En ese momento, lo primero que pensé es si habían pedido permiso al ayuntamiento. He visto manifestaciones con menos gente que la que encontré en la puerta de mi casa. Aunque si preguntamos a las madres que vinieron, seguro que piensan que había 8 niños, mientras que fuentes oficiales (yo misma) afirmaban que había más de treinta. ¡Cualquiera no acepta un trato en esas condiciones! En cuanto los oí preguntar: ¿Truco o trato? Me limité a gritar desesperada: ¡Quiero trato y compasión! Sigue leyendo
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