Estamos acostumbrados a mezclar palabras en inglés para aportar «glamour» y en el mundo de la gastronomía más aún. Hay gente que se afana por encontrarle las diferencias entre cupcake, magdalena o muffin. No digo que no las tenga, pero en América no han conocido las magdalenas y aquí intentamos diferenciarlas de sus semejantes. No entraré aún en estos derroteros pero sí que apoyo nuestra lengua. ¿Por qué no llamar las cosas por su nombre? Eso es lo que me pasó con la palabra Smoothie o lo que viene siendo un batido de frutas; en un principio sin leche aunque cada cual añade sus ingredientes. Aprovechando estos días calurosos uno tiende a ir a terracitas a tomar algo fresco. En la mesa de al lado una madre con un bebé y una niña de unos 5 años. Nada más probar su smoothie le dice a la madre: esto es como la papilla que toma Miguelín (su hermano). Y no iba mal encaminada. Su madre ni se lo creía. Sigue leyendo
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