El café no es mi fuerte. Me encanta el olor pero no me sienta bien. Se le reconoce como excitante y a mí me baja la tensión. Recuerdo la última vez que tomé un café con leche y a los 20 minutos tuve que pararme en una farmacia porque no me encontraba bien. Cuando el farmacéutico me tomó la tensión se asustó. Suelo tenerla baja siempre pero estaba bajo mínimos. Me sentó en una silla, se fue al bar a comprarme una coca cola y me dejó allí sentada durante una hora hasta que mi tensión recuperó unos límites razonables y volvía en mí.
En casa todos saben que el café no me sienta bien excepto mi abuela. Se niega a creerlo. De pequeña me mojaba las galletas de la merienda un poquito en su café de la tarde y a mí me chiflaba, así que si de pequeña me gustaba de mayor tendría que ser igual. Cada vez que voy a su casa me pregunta lo mismo: ¿quieres un café con tortas de aceite? ¿Con lo que te gustaba? Una de esas tardes me debió de convencer y acepté la propuesta pero si no llega a ser por el farmacéutico de mi barrio no sé cómo habría acabado. Ahora, tras muchos años me dice que si no me puede preparar una manzanilla con un chorrito de anís o un cacao caliente de esa marca que todos conocemos. Pero ha costado lo suyo y siempre me recuerda que las tortas de aceite como en un café en nada.
Pensando en recetas aptas para los amantes del café, caí en una imagen que me fascina: un vaso de latte macchiato. Cómo me gusta la gama cromática. Esos colores difuminándose y la espuma con el cacao en polvo. Mi idea era recuperar esa imagen pero convertirlo en un postre y surgió este semifrío de latte macchiato capaz de enloquecer a Juan Valdés.
Ingredientes
2 ctas café soluble
225 gr nata para montar 35% materia grasa
2 claras de huevo
5 hojas de gelatina
1 rama de canela
cacao en polvo
200 gr de leche condensada
100 ml de leche entera
1 cucharada de azúcar
Preparación
Hidratamos las hojas de gelatina en agua fría durante 10 minutos.
En un cazo calentamos la leche, añadimos la leche condensada, la rama de canela.
Cuando empieze a hervir la retiramos del fuego y disolvemos la gelatina en ella.
Separamos la mezcla en dos partes. A una de ellas le añadimos las dos cucharaditas de café soluble o al gusto. En unos vasos pequeños rellenamos 1/3 con la mezcla del café y dejamos cuajar ligeramente.
Montamos la nata con una cucharada sopera de azúcar y reservamos.
Montamos las claras de huevo.
La otroa mitad de la mezcla de leche la añadimos a la nata con movimientos envolventes y, posteriormente, a las claras.
Acabamos de rellenar nuestros vasos con la mezcla blanca y dejamos enfriar.
En el momento de servir, espolvoreamos cacao en polvo o canela.
Nota: para los que no les guste el café, no será necesario que separéis la mezcla ni que le pongáis las cucharadas de café soluble. Bastará con rellenar los vasitos con la mezcla blanca y coronar con canela molida o cacao en polvo. Así tendréis un semifrío de leche merengada.
