Galletas decoradas para una boda

El pasado fin de semana se casó una buena amiga mía. Hace dos años, para mi propia boda decidí entregar como regalo a los invitados galletas decoradas. La verdad, fueron muy entretenidas teniendo en cuenta que quien se casaba era yo y faltaban escasos 4 días para el enlace. Creo que casi muero en el intento si no llega a ser por mi santa madre y mi amiga Esther. Seguro que ellas recuerdan el momento como algo tenso. ¡Y no es para menos! Entre mi alto grado de perfeccionismo y mis ideas de bombero creo que las conseguí poner al límite. Pero salió bien gracias a ellas.

Dos años más tarde, mi amiga me pide que la ayude porque quería entregar galletas decoradas en su boda. Para mí ha sido un honor poder echar una mano. Me ha servido para entender la situación desde un punto de vista diferente. He comprendido los nervios de la novia para que todo saliera bien y del resto de familiares que ayudaron pero me situé en la posición de mi madre y de mi mejor amiga para mi boda. La templanza era la clave y cabe decir que la novia estaba más tranquila que yo. A pesar de que hicimos varias pruebas antes, prometí guardar las imágenes hasta el día del enlace, así que ya tengo el visto bueno para publicarlas.

Sé que no os he puesto ninguna galleta decorada por aquí, así que iré subiéndolas para que vayáis viendo la variedad y las técnicas. Hoy os dejo con éstas, de un blanco impoluto, sencillas pero perfectas para una boda. ¿O no?

Hay miles de recetas por la red aunque en el próximo número haremos un especial para que veáis cómo se hacen. Hasta entonces os dejo con la receta de la masa de Chris de Sugarmur. Es mi preferida por una sencilla razón: no llevan huevo por lo que evitamos las intolerancias.

Ingredientes

Para la masa

150 gr de mantequilla

75 gr de azúcar glass

250 gr de harina

1 cta de aroma de vainilla (o del que más os guste)

Para la glasa

3 claras de huevo pasteurizadas

Azúcar glass la que tome

Preparación

Precalentamos el horno a 180º en función turbo.

Cortamos la mantequilla en cubitos y amasamos con el azúcar, la esencia y la harina hasta conseguir una masa que no se pegue a las manos.

Refrigeramos la masa durante una hora. Este paso es fundamental ya que al contener mantequilla, con las altas temperaturas la masa nos costará trabajarla por lo que debe estar bien fresca. Si a medidad que la trabajáis pierde frío, volved a meterla en la nevera un rato.

Amasamos hasta conseguir medio centímetro de espesor. Utilizad los cortadores que más os gusten.

Colocamos las galletas sobre papel sulfurizado o de horno en una bandeja separándolas entre sí varios centímetros y las horneamos hasta que estén ligeramente doradas por los bordes. No os preocupéis si están algo blandas ya que cuando se enfríen tendrán la consistencia adecuada. Colocadlas en unas rejillas para que la base pueda transpirar y no se ablanden.

Comenzamos a preparar la glasa. En un bol colocamos las tres claras pasteurizadas que encontraremos en grandes superficies e iremos añadiendo azúcar glass industrial. No utilices azúcar molido en casa porque el comercial contiene un ingrediente fundamental para realizar la glasa: el almidón. Removemos con unas varillas o un tenedor hasta conseguir que el azúcar se mezcle bien. No debemos batir, sólo mezclar ya que no queremos hacer un merengue. Lo que queremos es una masa untuosa y blanquecina, por lo que evitaremos añadir aire.

Debemos conseguir dos texturas en la glasa. La primera servirá para perfilar. Esta textura debe ser como la de la pasta de dientes. Nos permitirá definir los bordes para que la glasa no se desparrame. La segunda textura es la del relleno y debe ser más clara. Para ello primero añadiremos azúcar hasta conseguir una glasa consistente. La clave será medir el tiempo en que desaparecen las gotas. Levantamos las varillas sobre la glasa y contamos el tiempo en que tardan en desaparecer las gotas. Si tardan 10-12 segundos tendremos la  masa adecuada para realizar los perfiles. Si tarda 5-8 segundos en desaparecer tendremos el relleno perfecto. Si tenemos una masa muy clara deberemos añadir más azúcar y si la tenemos demasiado compacta echaremos agua mineral en pequeñas gotas hasta aclarar la glasa. De esta manera, primero debemos hacer la masa de los perfiles. Una vez la tengamos en su punto, la introduciremos en una manga pastelera con la boquilla del tamaño 2 redonda. Perfilaremos los bordes y dejaremos secar.

Mientras tanto, en la glasa que nos ha sobrado, incorporaremos unas gotas de agua hasta conseguir la textura adecuada para el relleno. La introducimos en un biberón de cocina y podemos rellenar nuestra galleta. Para eliminar posibles burbujas de aire o llegar a todos los rincones lo mejor es usar un palillo de brocheta y empujar la masa hasta las esquinas que suelen ser las que más problemas dan. Dejamos secar por completo la galleta.

Para hacer las filigranas, usaremos la manga pastelera con la glasa que hemos empleado para perfilar y así podemos hacer las iniciales o las decoraciones que queramos.

En el próximo número de nuestra revista tendréis el paso a paso.

 

 

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