Adoro este tiempo. El tiempo de la manga francesa, de las rebecas a media noche, de los boletus, los membrillos, las granadas y las cremas. Si este verano os hemos puesto muchas ensaladas, ahora os advierto que llega el momento de las cremas. Nos encantan y son un plato perfecto para recuperarnos de los excesos del verano. Sólo hay que ponerle imaginación y recuperar las verduras que tenemos en nuestro frigorífico. Yo soy de esas. Ya sabréis que aprovecho las sobras y también las verduras que están desamparadas por mi nevera.
Confieso que me estoy cuidando. Quizá por esa razón, mis platos son menos copiosos aunque tampoco soy una persona que se pirre por la chacina, los fritos y rebozados o los dulces. Lo que sí es cierto es que en casa siempre hay un día de permiso. Los viernes por la noche es el día del lujo. No os penséis que comemos bogavante o langosta. Nada más lejos de la realidad. Nos permitimos cenar calorías de más. Bien una pizza, hamburguesas caseras, burritos, perritos al estilo americano o alitas de pollo. ¡Las alitas! Tengo una receta guardada como oro en paño de una amiga (porque aquí no hay seguidores, hay amigos/as), Isa Moragues, que tiene pinta de estar de muerte. La tengo pendiente y prometo enseñar con todo detalle. Bueno con algo menos de detalle que Paula Vázquez que ayer la lío, y mucho, en twiter publicando una foto en la que se visualizaba su teléfono móvil y su domicilio. Yo prefiero ser menos explícita pero tampoco creo que tuviera tanta repercusión com ella. A fin de cuentas no soy rubia, ni diseñadora de bikinis ni famosa.
Vamos al lío que me pierdo. Os dejo la receta.
Ingredientes (para 2 personas)
3 calabacines blancos y hermosos
2 puerros
1 litro de caldo de verduras
sal
pimienta
1/4 de trufa negra (si tenéis blanca invitadme a comer a vuestra casa que mi economía no da para tanto)
1 cucharada de aceite de oliva
Preparación
Ponemos en una cacerola la cucharada de aceite de oliva. Cortamos el puerro en trozos grande (lo tenemos que triturar así que no nos importa su tamaño). Lo sofreímos.
Añadimos los calabacines previamente cortados (yo no les quito la piel). Removemos y cubrimos con el caldo. Dejamos cocer hasta que estén tiernos.
Trituramos hasta obtener una crema fina.
En el momento de servir, rallamos un poco de trufa y ¡a disfrutar!
