Volvemos con otra receta dulce y en este caso es una reivindicación hacia la repostería casera. Es cierto que el dulce hay que racionalizarlo pero si nos vamos a permitir un capricho mejor que sea lo más saludable posible. Y es que la poca conciliación familiar y laboral que existe (o nula gracias a la crisis y las excusas de los empresarios por alargar el horario laboral y disminuir el sueldo) hacen que dediquemos cada vez menos tiempo a la cocina. Pero en muchas ocasiones, basta con dedicarle unos minutos para que tu estómago, tu familia y tu colesterol te lo agradezcan.
Soy de las que se van a la compra y revisan todas las etiquetas de los productos que compro. No es que analice las calorías. Miro la composición e ingredientes de lo que entra en mi carrito. Sé que no es muy común pero es sorprendente lo que te puedes llegar a encontrar en las etiquetas de lo que compramos. Sigue leyendo
Recetas
Pastel cremoso de chocolate negro y salvia
Cada día me sorprendo más cuando voy a un restaurante y observo su carta de postres. Se ha puesto de moda nombrar a un postre de chocolate con más chocolate: muerte por chocolate. ¿Será muerte por sobredosis, por indigestión o por placer? A la vista está que si tengo que elegir prefiero que sea por placer pero me gusta saber qué estoy comiendo. No es lo mismo un brownie de chocolate industrial calentado al microondas con sirope de chocolate por encima y con una bola de helado del mismo ingrediente que un pastel esponjoso, con una cobertura que se funda en la boca y con un mínimo del 70% en cacao. A cualquier cosa le pueden llamar muerte por chocolate y cuando llega el postre nos podemos morir de pena más que de placer.
Siempre he dicho que no soy amante del dulce en exceso y tampoco del chocolate pero creo que soy muy exigente en este aspecto. Si me va a engordar prefiero disfrutar de lo lindo con o que estoy comiendo. No perderé el tiempo en comerme un bollo industrial que contiene exceso de grasas, azúcares y ningún nutriente. Ahora bien, si el postre en cuestión vale la pena, no dudo en probarlo, dar mi visto bueno y saltarme la operación «quenomerocenlosmuslitos» que os comenté aquí. Sigue leyendo
Gnocchi de calabaza y ricotta con mantequilla y salvia
Hacía ya tiempo que me apetecía probar y hacer gnocchi, pero como siempre lo voy dejando. El otro día, hojeando una de mis revistas de cocina, vi una receta de gnocchi de ricotta y decidí que ya era hora de intentarlo.
En este caso he cambiado la patata por calabaza en la masa, y ya que me gusta mucho la combinación de saboras de ésta con la salvia he decidido que sería una buena base para la salsa. Hay que tener en cuenta que los gnocchi «engañan» bastante, ya que no parece un plato muy abundante pero es muy saciante, así que es mejor combinarlos con salsas algo ligeras que no lo conviertan en un plato recargado o empalagoso.
Yogur especiado en vaso crujiente
Esta receta es ideal para un desayuno o una merienda, aunque sirve igualmente como postre. La combinación de especias está basada en las especias que componen mi té favorito, el Chai, un té originario de la India que una amiga me dio a probar en Londres hará cosa de un año. Es difícil de encontrar, pero si lo podéis conseguir os lo recomiendo encarecidamente, sobretodo con un chorrito de leche. También podéis hacerlo casero, pero ese es otro tema… Si en algún momento me decido a hacerlo os pongo la receta, eso seguro.
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Salmón en papillote con salsa ligera de cilantro
Sí, lo sé. O no ponemos receta de pescado o ponemos seguidas. Hoy quería traeros algo dulce, pero el otro día coloqué en las redes sociales este plato y tras las preguntas de rigor, me he decantado por poner la receta y explicarlo. No es fácil, es sencillísimo de hacer. De estos platos de los que te puedes olvidar de ellos, prepararlo en 2 minutos, hornearlo en 20 y comerlo en 15. Un placer para los sentidos y muy útil para la puesta a punto del verano.
En casa, no soy la única que ha decidido pasar la itv estival. El primero en decidirlo fue el coche. Ha pensado que era mejor tomarse unas pre-vacaciones y ha querido pasar por el taller a que le arreglen no sé qué de no sé cuántos. Yo ya he dejado de pensar en según que cosas. Ya sólo atiendo al precio. Cuando el señor del taller me empezó a comentar qué tenía el coche, mi cara iba cambiando de color haciendo un presupuesto aproximado en mi humilde cabeza. Mi cara debió plasmar el resultado abismal de mis cálculos ya que el hombre me dijo : ¡Tranquila mujer que no te voy a cambiar el motor del coche! Aún así no respiré tranquila. Si es que mi cara es el fiel reflejo de lo que me pasa o de lo que opino. Sigue leyendo