Vuelvo con una receta y de las dulces. No pretendo hacer engordar a nadie, pero es que hay temporadas que los cumpleaños se amontonan y este mes ha sido de esos. En casa hemos celebrado los años varios miembros de la familia y ¿qué hay mejor que soplar velas? Pues acompañarlo con una tarta.
No me lo pensé mucho, la verdad. Hacía tiempo que la quería hacer y en lugar de una, hice dos. Es sencilla de hacer aunque los ingredientes pueden asustar al principio pero queda jugosa, esponjosa y deliciosa. Eso sí, con buenos ingredientes. Hay veces que pretendemos ahorrar pero no quedan igual. Todo repostero amateur debe tener claro dos cosas: hay mantequillas y mantequiiiiiilllas o chocolate y chocolaaaaaateeeee. No es lo mismo. Una mantequiiiiiiillla es la que te la comerías tal cual en un trozo de pan. Sabe a leche, es untuosa y tiene un ligero tono amarillento. El chocolaaaaaaaaateeeee es el que tiene aroma desde que lo sacas de su envoltorio, mucho más porcentaje de chocolate que de cualquier otro ingrediente, posee un tono brillante de por sí y al calentarlo queda en forma de crema ligera, sin apelmazar. Si no cumplen esos requisitos, podemos nombrar a esos productos «mantequilla» y «chocolate» (a secas), sucedáneos o presuntos.
Ya voy, que sé que lo estáis deseando. Os paso la receta que me enrollo contando cosas que seguro sabéis.
¡Tomad nota!
Ingredientes
240 ml de leche
1/2 limón
125 gr de mantequilla (a temperatura ambiente)
300 gr de azúcar
2 huevos grandes
25 gr de cacao en polvo
280 gr de harina
1 cucharada de extracto de vainilla
1 cta. de bicarbonato
1 cta. de levadura química
Colorante extra rojo
Cobertura
400 gr de queso de untar
200 gr de mantequilla a temperatura ambiente
1 cucharada de extracto de vainilla
Preparación
Precalentamos el horno a 170º. Forramos un molde con papel vegetal y reservamos.
En un vaso colocamos la leche y la mezclamos con el jugo de limón. Dejamos reposar hasta que la leche adquiera mayor consistencia y parezca que se ha cortado. Enhorabuena, acabas de hacer buttermilk.
Batimos la mantequilla con el azúcar. Cuando haya blanqueado la mezcla añadimos los huevos uno a uno y el extracto de vainilla. Incorporamos la harina tamizada junto con el chocolate, la levadura y el bicarbonato. Vamos añadiendo el buttermilk a la mezcla.
Incorporaremos una pizca de colorante extra rojo para que adquiera el color adecuado.
Vertemos la mezcla en el molde y horneamos durante 40 minutos o hasta que al introducir un palillo salga completamente limpio.
Para la cobertura batimos la mantequilla y el azúcar. Añadimos la vainilla y el queso. Mezclamos bien y dejamos la mezcla en la nevera una hora como mínimo.
Una vez tengamos el bizcocho horneado y frío, lo cortamos en varios pisos y montamos la tarta. Reserva las miguitas que se vayan cayendo para decorar.
Colocamos sobre cada capa dos cucharadas grandes de cobertura y con el resto cubrimos nuestro pastel.
Decoramos con las migas rojas y un poco de granillo dulce de almendra.
