El otro día tuve un cumple muy especial. En casa, se cumplían 30 años así que decidí celebrarlo con una fiesta sorpresa. No es fácil preparar las cosas sin que se entere la persona que convive contigo y mucho menos enviarlo a comer a casa de su madre para poder tener unas pocas horas y prepararlo todo. A pesar del ajetreo todo salió bien. Seguro que mejorable, pero me conformo porque la calidad y el tiempo que tuve dieron mucho de sí. En efecto, no habría conseguido mi propósito sin la ayuda de mi madre en su faceta de cocinera y de mi padre y mi hermana como decoradores de interiores.
Como tenía poco tiempo y éramos más de 20 personas no dudé en ir a lo fácil:mini brioches de salmón y jamón, quiche, una tabla de quesos con variedad de panes, unos nachos con guacamole, unas bolitas de carne, humus con pan de pita y los conocidos hot dogs con diferentes salsas para que cada cual se lo preparase a su gusto. No podíamos pasar de largo la mesa dulce. Me decanté por poner yogur con diferentes toppings, gominolas, caramelos y, por supuesto, la tarta de chocolate con naranja y jengibre.
Como todos éramos mayores de edad, preparé una jarra de mojito, una de daikiri de sandía y otra de sangría, además de los refrescos y cervezas bien frías.
Ya que el anfitrión es un aficionado al baloncesto americano, por lo que me basé en tres colores básicos: naranja, blanco y negro. Eso nos permite crear una armonía en la estancia. Con «goma eva» realicé unas supuestas pelotas de baloncesto y una manopla americana que se usa para animar en los partidos. Además, con un aro y un bolsas de basura hice una canasta para que pudiesen marcar unos triples.
Además habilité un espacio de photocall con boas de plumas, bigotes de cartulinas, máscaras, …
La cuestión es ponerle imaginación, ganas y mucho ánimo porque luego queda «lo mejor»: recoger.
Os dejo con el repertorio fotográfico. Iré poniendo las recetas poco a poco por si os interesa.
