En esta vida hay personas de todo tipo, gente que es de un equipo de fútbol o de otro, que prefiere el mar o la montaña, que es más de pueblo que de ciudad y personas a las que le gusta más lo salado que lo dulce. Aunque a nadie le amarga un dulce, yo soy más de lo salado. Sé que parece increíble porque le dedicamos bastante tiempo a la repostería pero es cierto. ¡Qué diría Celia Cruz si leyese estas líneas!
Me gusta la sal, en su medida justa, pero soy capaz de mezclarla con productos dulces como el chocolate o una mermelada. A fin de cuentas, lo he venido viendo desde pequeña. En Mallorca ¿quién no ha probado la sobrasada con miel? Además, cuando llega la época de carnaval, la ensaimada tradicional es la de «tajades» que lleva fruta escarchada, sobrasada y todo bien espolvoreado de azúcar. Puede parecer algo extraño pero vale la pena probarlo. Aquí, la merienda por excelencia es a base de galletas de aceite ligeramente saladas acompañadas de chocolate. Hemos crecido así y apreciamos la mezcla dulce-salado. No os vayáis a pensar que es una merienda sólo apta para los pequeños de la casa. A día de hoy, no faltan estos dos ingredientes en ninguna casa de la isla salvo cuando una se pone a comer y no para hasta que se da cuenta que ha agotado todas las existencias de galletas pero sigue quedando un trozo de chocolate. ¡Qué pena da dejarlo ahí, solo y desamparado!
Yo no me resistí y decidí darle un hogar pero no comérmelo a palo seco. Seguro que habría alguna masa básica que pudiera suplantar a mis galletas. ¡Y la hay! Vosotros podéis acompañarlas de chorizo, fuet, longaniza, queso o, haced como yo: un buen trozo de chocolate con leche.
Aquí va la receta.
Ingredientes
230 gr de harina de fuerza
120 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
1 pizca de sal
90 ml de agua templada
Orégano, albahaca y escamas de sal
1 huevo batido
Preparación
Amasar la mantequilla con la harina y la sal. Cuando la mantequilla se haya integrado con la harina incorporad el agua poco a poco. Amasando continuamente hasta que quede una masa compacta, suave al tacto y que no se pegue a las manos.
Precalentar el horno a 180º
Enfriar la masa 20 minutos. Si estamos en verano, podéis dejarla una hora.
Estirar la masa con un rodillo sobre una superficie enharinada. Debemos conseguir un espesor de no más de medio centímetro. Cortamos tiras de unos 20 cm de largo y las colocamos sobre una bandeja apta para el horno.
Pintamos con huevo batido y espolvoreamos escamas de sal, orégano y albahaca seca.
Horneamos durante 15 minutos o hasta que adquieran un tono dorado. Dejamos enfriar.
No sé vosotros pero además de quedar bonitas, son una tentación.
