Sobre dietas y otros cuentos I

 

Soy una aficionada a los espacios en los que las famosas cuentan cómo se cuidan. En la revista Pronto cada semana trae algún remedio «famosil» para cuidar la línea. Hace años leí que Megan Fox se tomaba en ayunas algún vaso de vinagre a palo seco. Como si fuese agua. Un lingotazo de vinagre de sidra para activar su metabolismo. Me pareció hasta irreal pero tan sólo verle la cara supuse que podía ser verdad.

Estamos ante cuerpos escuálidos y sin ningún tipo de forma y luego mil dietas a las que recurrir en el caso que tengas un michelín de más. ¡Con el cariño que le cojemos a las lorzas después de tanto tiempo y tener que despedirnos de ellas con la llegada del calor!

Una vez dicho esto, debo confesar que he aprendido mucho de las revistas de famoseo. Ahora ya sé que existe la dieta de la alcachofa, la del melocotón, la de la piña, la del espárrago, la de la lechuga, la del caldo milagroso (una receta de un caldo que debías preparar  y alimentarte únicamente de él), la de la sandía, … creo que por cada fruta o verdura existe su propia dieta y lo mejor es que una famosa la siga, así el márketing está asegurado.

Luego tenemos las dietas de nombres singulares como la dieta Detox. Ya sé que tiene nombre a robot de última generación pero no, es una dieta depurativa seguida por actrices como Jennifer Aniston que pretende eliminar toxinas. Así que debes decir adiós al tabaco, alcohol, carnes rojas, café, dulces e hidratos de carbono. Para saltarse esta dieta tan sólo hace falta ir a comer a una brasería, zamparte un buen chuletón de buey acompañado de unas patatas a la importancia, beberte una copita de rioja, un alfajor con dulce de leche mojado en un café y fumarte un pitillo para festejarlo. Todo al traste en 1 hora.

Hay dietas que no merece la pena ni su traducción como la «low carb» que realiza Jennifer López. Le dice adiós a los hidratos de carbono aunque viendo su esbelto trasero no creo yo que se haya despedido para siempre. Ya me veo a Jennifer con la guitarra en la mano cantando lo de «… no te vayas todavía, no te vayas por favor…».

No podemos olvidarnos de la dieta Zen. Sólo con ese nombre me he imaginado el Yin y el Yan. Pues no iba yo muy desencaminada. Reduce lácteos, azúcar, patatas, tomates o cualquier tipo de carne y lo sustituye por cereales integrales, legumbres, semillas, pescado blanco y algas. Vamos que dejamos de alabar al cerdo para poner a las algas en un auténtico altar de honor. Los cerdos ya están disfrutando en la dehesa de su momento yin-yan. Lo mejor de todo es que esta dieta ha sido seguida por actrices de la talla de Gwyneth Paltrow aunque ahora se dedica a pasear por nuestro país para recaudar recetas y escribir sus propios libros. A ver si aprenden de nuestros actores Imanol Arias y Juan Echanove en «Un país para comérselo» que no hacen ascos a nada. Éso es presentar un programa de cocina, creando envidia a los espectadores que nos cambiaríamos por cualquiera de ellos.

La última dieta que comentaré hoy es la de «sólo fibra» de Beyoncé. Me parece especial y sólo apta para unos pocos. Sólo permite alimentarse de frutas, verduras y cereales (a poder ser integrales). Aquí anuncian una recomendación: abstenerse aquellos que visiten al señor Roca una vez al día. La pobre se habrá convertido en la cliente vip de las empresas de papel higiénico. De hecho me informan que ha apadrinado al perro de Scottex.

Sé que se acerca la época estival, que queremos lucir palmito en los microbikinis que nos proponen las tiendas, que la ropa de la talla 42 ya no es lo que era y que muchas empresas textiles prefieren eliminar los patrones de esa talla, que  la gravedad  puede influir en nuestro pecho aunque todas las prendas de esta temporada tengan agujeros estratégicos en la espalda que impidan llevar sujetador pero queridos/as: las curvas no sólo son atractivas para Fernando Alonso o Dani Pedrosa.

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