Hacía ya tiempo que me apetecía probar y hacer gnocchi, pero como siempre lo voy dejando. El otro día, hojeando una de mis revistas de cocina, vi una receta de gnocchi de ricotta y decidí que ya era hora de intentarlo.
En este caso he cambiado la patata por calabaza en la masa, y ya que me gusta mucho la combinación de saboras de ésta con la salvia he decidido que sería una buena base para la salsa. Hay que tener en cuenta que los gnocchi «engañan» bastante, ya que no parece un plato muy abundante pero es muy saciante, así que es mejor combinarlos con salsas algo ligeras que no lo conviertan en un plato recargado o empalagoso.
El hecho de que estén hechos con calabaza en lugar de con patata, sin embargo, no afecta en exceso al sabor en contra de lo que pueda parecer, sino que más bien determina el color del producto final cumpliendo la misma función que la patata a la hora de hacer la masa.
Bueno, me dejo de rodeos y os dejo con la receta.
Ingredientes para los gnocchi
120-240 g harina, depende de lo húmeda que quede la masa
125 g ricotta
125 g calabaza en puré (pesada en crudo, pelada y sin semillas)
1 huevo grande
10 g parmesano rallado
Un puñadito de sal
Ingredientes para la salsa y emplatado
Mantequilla
Salvia fresca
Parmesano rallado
Preparación
En primer lugar es necesario cocinar la calabaza hasta que quede lo suficientemente blanda para hacerla puré con un tenedor, ya sea hirviéndola (siempre en agua con sal) o al horno. Podéis usar cualquier tipo de calabaza, aunque yo he usado del tipo butternut.
Para hacer los gnocchi, una vez listo el puré, se mezclan todos los ingredientes hasta formar una masa, sin que quede pegajosa pero tampoco demasiado seca (añadir la harina poco a poco hasta obtener la textura adecuada). Dejar deposar en la nevera por un mínimo de media hora.
Una vez reposada, dividirla en 4 bolas y amasar hasta formar un rollito largo y delgado (de unos 2 cm de diámetro), y cortarlo a continuación en pequeñas porciones. Marcar uno de los lados con la parte posterior de las puntas de un tenedor formando así hoyos donde la salsa pueda acceder mejor.
Una vez cortados y marcados cocinar en abundante agua salada hirviendo, por tandas, ya que si se echan demasiados podrían pegarse unos a otros. Esperar a que floten, sacar de la olla con una espumadera y dejar reposar sobre papel de cocina o una bandeja con agujeros para que escurran.
Para terminar, poner unas nueces de mantequilla y un chorrito de agua en una sartén a fuego medio-alto y, cuando la mantequilla esté derretida, dorar en ella los gnocchi por uno de sus lados. Añadir la salvia finamente picada y remover hasta que la salsa alcance la consistencia adecuada.
Servir con parmesano rallado por encima y unas hojas de salvia fritas.
¡Buen provecho! O, como se dice aquí en Holanda: eet smakelijk!
