Antes que nada, ¡feliz 2013! Mi comienzo de año ha sido mejor imposible: ¡de vacaciones! Así que antes de ausentarme os dejo con una recetilla. Esta vez toca un básico: crêpes. Dulces, saladas, admiten ilimitados rellenos sujetos única y exclusivamente a nuestra imaginación. Eso sí, el secreto no se encuentra sólo en el relleno, sino que la base de la crêpe juega un papel fundamental.
Personalmente he hecho crêpes muchas veces, improvisadas, buscando recetas al azar por internet o sencillamente midiendo las cantidades a ojo… hasta que encontré esta receta. Me prestaron el libro de postres de Le Cordon Bleu, y mientras lo hojeaba (a la hora del desayuno debo aclarar) vi la receta, en el preciso instante en que mis compañeros de piso intentaban convencerme para que saliera a comprar croissants para desayunar mientras llovía a cántaros. Sobra decir que no me convencieron, pero para compensar decidí probar la receta y prepararles un desayuno igual o mejor que los malditos croissants.
Debo reconocerlo, es la mejor receta de las que me he topado hasta ahora: esponjosas, suaves y en definitiva, buenísimas. Nos pasamos el día entero comiendo crêpes: rellenas de nutella y plátano para desayunar (la de la foto), rellenas de champiñones para comer y de queso crema y mermelada para merendar.
Los rellenos, como os digo, son infinitos, pero otra opción es hacer una tarta de crêpes apilándolas una encima de otra con el relleno que más os guste entre ellas: crema pastelera, mermelada, nutella…
Os pongo la receta para que, como yo, podáis sorprender a vuestros familiares y amigos con un desayuno rico rico.
Ingredientes
3 huevos (la receta original añade también 1 yema, aunque yo no lo hice)
100 g harina
175 ml leche
75 ml agua
25 g mantequilla (la receta pone clarificada, pero yo sólo la derretí un poco)
Preparación
Se mezclan todos los ingredientes, a ser posible con una batidora de mano para que la mezcla quede homogénea, y mejor si se deja reposar un ratito (yo, debido a la situación extrema en la que me encontraba con mis dos compañeros de piso muertos de hambre, no las dejé reposar).
Para cocinarlas, se pone una sartén grande, preferiblemente antiadherente y engrasada con un poco de mantequilla o aceite, a fuego medio, y se pone más o menos un cucharón grande de masa (suficiente para cubrir la base). Se deja que se cocine bien por ese lado (1 minuto o 2) y, cuando se despegue completamente de la base sin romperse y esté ligeramente dorada, se le da la vuelta (en el aire, con los dedos o con ayuda de un tenedor o espátula) y se cocina por el otro lado. Se pone en un plato, se vuelve a engrasar la sartén y se empieza con la siguiente… ¡y así hasta terminar con la masa!
