Pollo a la campesina

Hay veces que la planificación se va al traste con un inesperado contratiempo. Lo que me pasó el sábado en la cocina es una muestra de ello. Ahí hace falta poner en marcha la imaginación y coordinación para no caer en un abismo. Parece una película de suspense pero cuántas veces nos habrá pasado. ¿Habéis sacado algo del congelador pensando que era una cosa y cuando lo habéis abierto comprobáis que no se parece en nada?

El sábado había organizado mi agenda culinaria. Es el día que me dedico de lleno a la cocina para preparar los “tuppers” de la semana. Me gusta pero llega a ser agotador. Una se mete en faena a las 9 de la mañana y acaba a las 6 de la tarde de recoger la cocina pero hay que hacerlo. El domingo ya es otro cantar. Lo dedico a realizar platos delicados o postres con los que deleitar a comensales.

Así que el viernes preparo los ingredientes que necesito para el menú semanal. Si tengo que sacar carne o pescado del congelador lo hago la noche antes y la dejo en la nevera para que vaya descongelando poco a poco pero algo falló. A la mañana siguiente, estaba preparada para llevar a cabo un goulash y cuando abro la bolsa había un maravilloso muslo de pollo de corral. Me acordé de la infinidad de veces que me digo a mí misma: ¡Coloca etiquetas! Pero me guste arreisgarme, vivir al límite. ¡Qué le vamos a hacer!

Mi cabeza comenzó a planificar una receta por momentos:

-¿Y si hiciera un estofado de pollo?

-No que hace demasiada calor ya.

-¿Pollo con tomate, cebollita y pimientos fritos?

-¡No tengo salsa de tomate suficiente para preparar la lasaña (otro de los platos que me había propuesto hacer esa mañana) y el pollo!

-¡Piensa, Estefanía!

Aquí lo mejor es abrir la nevera y la despensa en  búsqueda de inspiración divina.

-Zanahorias, cebollitas francesas, una berenjena, caldo de pollo que acababa de hacer,…  ¡Vamos al lío!

No os penséis que tengo pinche en la cocina con el que mantener una conversación. Aquí me preguntaba y me respondía yo misma, porque a hablar empecé muy pronto y una ya no sabe cómo parar 😉

La sorpresa vino a la hora de probar si la invención era comestible. Se ha convertido en el mejor pollo de corral con verduras que he comido en mi vida. Así que después de quedar exhausta pensando en cómo prepararlo,  no he perdido mucho tiempo en ponerle nombre: pollo a la campesina. Todo con productos naturales, con sabor e ideal para dietas.

No sé vosotros pero es la primera vez que lo hago y no será la última.

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Ingredientes(para 2 personas)

Un muslo de pollo de corral

1 tomate maduro

1 berenjena

1/2 pimiento rojo

1 cebolla francesa

2 zanahorias

100 ml de vino blanco

200 ml de caldo de pollo

perejil picado

1 ajo

sal

pimienta

aceite de oliva

Preparación

Cortamos el muslo de pollo en 8 trozos y lo salpimentamos.

En una cazuela colocamos 4 cucharadas de aceite de oliva y cuando esté caliente doramos la carne y reservamos.

En la misma cazuela pochamos la cebolla, la zanahoria y el pimiento. Por último añadimos la berenjena que se hará con menos tiempo. Añadimos el pollo.

Incorporamos el vino blanco y cuando haya evaporado el vapor añadimos el tomate maduro triturado y el caldo. Rectificamos de sal y pimienta.

Hacemos un picadillo de ajo y perejil para darle más sabor.

Dejamos que cueza ligeramente y ligue la salsa y ya podemos disfrutar de este plato.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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